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Decálogo de lo que aprendemos y recordamos con facilidad

Nuestro cerebro es una herramienta potentísima. Se calcula que es capaz de almacenar una cantidad de información equivalente a 2 millones y medio de GB. Un ordenador personal (PC) suele tener 500 GB de capacidad de almacenamiento. Es decir, que nuestro cerebro podría almacenar lo que almacenan ¡5.000 PCs!

Y, sin embargo, cuando estudiamos o aprendemos cosas nuevas, muchas veces nos resulta tremendamente complicado memorizar y aprender. Utilizamos muy mal nuestra capacidad cerebral. Para hacer un uso eficiente de ella, es importante conocer el:

“Decálogo de lo que aprendemos y recordamos con facilidad”

Ni que decir tiene la aplicación práctica de este decálogo para educador@s y personas cuyo trabajo sea enseñar a otras personas.

Vamos allá con las diez cosas que nuestro cerebro recuerda mejor 😉

1. Lo diferente

Fíjate en la siguiente imagen. ¿Cuál de los guisantes llama tu atención?

neurociencia-diferencias

A no ser que seas daltónico/a, como es mi caso, el guisante que habrá captado tu atención habrá sido el rojo. ¿Por qué? Porque es diferente a los demás. Si todos fuesen rojos y sólo hubiese uno verde, tu cerebro prestaría atención instantánea a ese único guisante verde.

¿Y por qué nuestro cerebro se siente tan atraído por lo diferente? Ten en cuenta que tenemos el mismo cerebro que hace 150.000 años, cuando vivíamos en la sabana. Por aquel entonces, sobrevivían los cerebros que captasen mejor las diferencias porque un depredador oculto en un entorno conocido suponía, claramente, una diferencia respecto a lo que estábamos acostumbrados a ver en ese entorno.

Y por supuesto, el cerebro recuerda mejor aquello que capta su atención. Por ese motivo recordarás perfectamente al guisante rojo de la foto, pero no recordarás cuántos guisantes verdes había en ella.

Así que ya sabes, para que tus alumnos te atiendan, debes presentarles cosas o enfoques diferentes.

2. Lo que se mueve y cambia

Lo que se mueve es en realidad una diferencia constante, un cambio continuo. Es por eso que podemos quedarnos embobados mirando al televisor encendido durante tanto tiempo.

El motivo evolutivo es obvio: si hace 150.000 años algo se movía entre los arbustos, sólo sobrevivían aquellos cerebros que lo captasen enseguida y pudiesen elaborar rápido una reacción de lucha o huida.

Así que, ¿por qué en el aula no alternamos entre libros y documentales audiovisuales o por qué no damos la clase de pie, moviéndonos, en lugar de hacerlo sentados en una silla?

3. Lo nuevo

La novedad también es una forma de diferencia. Lo que no conocemos es una diferencia respecto a lo que tenemos almacenado en nuestro cerebro.

Si planteamos las cosas dándoles un enfoque de novedad, la atención y el recuerdo serán mucho mayores. Ejemplo:

PROFESOR: Chicos y chicas, hoy vamos a aprender a multiplicar.

NIÑOS: Jooo, pero si ya lo vimos ayer…

PROFESOR: No, porque lo que vamos a ver hoy es completamente nuevo. Es una forma diferente de multiplicar. Esa forma consiste en…

…y que cada cual saque a relucir su creatividad 😉

4. Lo concreto

El ejemplo, lo concreto, es la mejor manera de que un cerebro comprenda algo.

Puedo decirte que el cerebro funciona por comparación y que cualquier dato que introduzcas en él será comparado con otros almacenados en tus bancos de memoria, o incluso otros externos, y entonces, tras esa comparación, tu cerebro será capaz de hacer cálculos y comprender la información. Podría explicártelo así, pero es demasiado genérico, poco concreto, ¿verdad? Vamos a ver qué tal con un ejemplo.

Una lata de un refresco X contiene 55 miligramos de sodio. Tu cerebro ahora mismo no sabe si eso es mucho o poco. Pero si te doy un dato con el que compararlo diciéndote que 55 miligramos de sodio es el 2% de la cantidad diaria recomendada, tu cerebro ya entiende que es poco y ya puedes hacer cálculos y comprender la información.

Quizá te interese el artículo “El funcionamiento del cerebro: comparaciones

¿Cómo has entendido mejor el funcionamiento por comparación del cerebro? ¿Explicándolo de forma general o con el ejemplo del sodio? Pues así es como el cerebro comprende y, por tanto, recuerda mejor la información: con ejemplos. ¿Por qué no llevar los ejemplos al aula y explicarlo todo con ellos?

5. Lo útil

El cerebro intenta por todos los medios ahorrar energía, ya que hace 150.000 años la energía era lo que te permitía luchar o huir de un depredador y, por tanto, sobrevivir. Por eso es tan tentador quedarse en cama por las mañanas y por eso nos atraen tanto los alimentos con alto contenido calórico, porque implican una mayor reserva energética.

A la hora de aprender cosas nuevas ocurre lo mismo. El cerebro consume el 20% de la energía del cuerpo y no va a pensar a no ser que pensar le ayude a acercarse al placer o a evitar el dolor. Es decir, que hacer un esfuerzo intelectual debe tener un objetivo. Por eso, si tu cerebro no encuentra utilidad a algo, no va a prestar atención y no lo va a recordar: porque implica un gasto de energía que él considera inútil.

¿De qué le va a servir a un niño o a una niña saber el año en el que empezó la Revolución Francesa, qué obras escribió Lope de Vega o cuáles son las Eras Geológicas de la Tierra? Por este motivo hay tanto abandono escolar, porque el sistema educativo nos hace meter en la cabeza un montón de información que tiene un 99% de probabilidades de no resultarnos útil en la vida.

En cambio, otra información útil como dividir o hacer reglas de tres, que usamos con frecuencia, tampoco tiene éxito entre los alumnos y alumnas. ¿Por qué? Porque no le ven el objetivo, su cerebro no entiende para qué les puede servir hacer eso. Es deber del profesor/a comunicar la utilidad de lo que enseña si quiere de verdad que sus alumnos aprendan.

6. Lo vinculado a conocimientos anteriores

Por lo general, cuando estudiamos, veremos que nos lleva menos tiempo aprender y recordar si primero hacemos un barrido, una lectura general del tema, y después lo estudiamos página por página. ¿Por qué? Porque tras hacer la lectura general, nuestro cerebro es capaz de unir, vincular la información que leemos con detalle con otros datos que están más páginas hacia delante.

El cerebro funciona y recuerda por asociación y ése es el motivo de que recordemos mejor lo que está vinculado a nuestras experiencias pasadas.

Ojo, esto no contradice lo que dije antes de que nuestro cerebro recuerda mejor lo nuevo. Todo lo contrario, lo refuerza. Porque lo nuevo puede estar perfectamente vinculado, asociado a alguna de nuestras experiencias anteriores. Así es como realmente construimos un aprendizaje rico. Recuerda el método “nuevo” de multiplicación que utilizaba un vínculo con algo aprendido el día anterior.

7. Lo emocional

En el largo camino de la evolución, los seres humanos hemos sido microorganismos, peces, reptiles, monos… Durante este recorrido, se desarrolló primero en nosotros un cerebro que hoy llamamos cerebro emocional (también conocido como límbico). Después, sobre ese cerebro emocional, se desarrolló la corteza, que es la que nos permite hablar, crear, inventar y un largo etcétera.

Por tanto, el cerebro emocional es mucho más antiguo y, por tanto, más determinante que nuestro cerebro racional. Y precisamente por eso, nuestro cerebro emocional recuerda mucho más y mucho mejor que nuestro cerebro racional.

¿Recuerdas los detalles de tu primer beso? ¿Dónde fue, cómo fue, cuándo fue…? Eso es porque, en ese momento, tu cerebro emocional estaba activado.

Dicho de otro modo: si activas las emociones de tus alumnos, como la alegría o la ilusión, recordarán mucho mejor.

8. Lo divertido

Cuando algo nos hace reír, lo recordamos mucho mejor. En realidad, esto no es más que una reacción emocional como las que mencionamos en el punto anterior, pero merece una mención aparte por ser quizá la fórmula emocional más potente.

Esto no significa que al dar una clase un profesor/a tenga que hablar como un monologuista de El Club de la Comedia. Pero si de vez en cuando suelta algún chiste o broma, sus alumnos/as estarán más atentos a lo que dicen porque su cerebro estará a la espera de recibir otro chiste que le haga liberar los neurotransmisores que provocan la risa y, con ella, el placer.

9. Lo sensorial

Cuando vemos, oímos, tocamos, olemos o saboreamos, nuestro cerebro recibe una mayor cantidad de información que cuando sencillamente nos cuentan algo. Por tanto, tendrá más oportunidades de aprender y recordar.

Podemos explicarles a nuestros alumnos en qué consiste el arte barroco, todas sus características, o podemos llevarlos a visitar una construcción barroca y dejarles que vean y toquen. Así recordarán mucho mejor las características del arte barroco.

10. Lo que experimentamos

Muy ligado al punto anterior, lo que experimentamos, es decir, lo que ayuda a activar nuestros sentidos, se recuerda mucho mejor. Pero lo que experimentamos abarca mucho más que lo que recibimos a través de los sentidos. ¿Crees que recordarías mejor unas lecciones de oratoria si ves y oyes a alguien dando un discurso o si el discurso lo das tú mismo/a?

El cono del aprendizaje es un modelo que nos dice que recordamos el 10% de lo que leemos, el 20% de lo que oímos, el 30% de lo que vemos, el 50% de lo que vemos y oímos (una película, por ejemplo), el 70% de lo que decimos y el 90% de lo que experimentamos. Como decía B. Franklin: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo“.

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¿Conoces alguna otra forma en la que nuestro cerebro aprende y que no esté incluida en este decálogo? ¡Envía un comentario!

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