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En mi trabajo como formador, una de las preguntas que más me planteo es la siguiente:

¿Esta persona tiene problemas de comprensión de la materia o tiene problemas de comprensión lectora y atención?

Es algo más habitual de lo que parece. Por ejemplo, ante un mismo problema matemático:

  • Una persona puede no saber resolverlo porque, a pesar de que entiende lo que se le pide y le presta la atención necesaria al enunciado, no tiene los conocimientos matemáticos suficientes.
  • Otra persona puede no saber resolverlo porque, a pesar de que tiene conocimientos matemáticos suficientes, no entiende lo que se le pide o no presta la atención necesaria al enunciado.

Para poder enseñar cualquier materia, es imprescindible que el educador sepa medir de la forma adecuada y determinar en cuál de las dos situaciones anteriores se encuentra su alumno (también puede que se encuentre en ambas).

En este artículo voy a explicar cómo podemos determinar esto y, a continuación, cómo mejorar la atención de nuestros alumnos a través de unos ejercicios que cualquier educador puede diseñar en el momento.

Cómo saber si nuestros alumnos no saben o no entienden

La forma de averiguarlo es muy sencilla.

Debemos elaborar un enunciado que finalice con una pregunta. Los datos proporcionados en él, así como la pregunta final, deben estar relacionados con la materia que estamos enseñando. Siguiendo con el ejemplo de las matemáticas, supongamos que estamos enseñando la conversión de unidades en el sistema métrico decimal. Un enunciado válido en relación con este tema podría ser el siguiente:

Tenemos una fuente en la que caben 28 litros de agua. Para llenarla, vaciamos en ella un barreño con 5 litros de agua. A continuación, vaciamos dos barreños más, cada uno con 7 litros de agua. A continuación, vaciamos una botella de 200 centilitros de agua y, por último, una bañerita con 0,6 decalitros de agua. Entonces, a la fuente solo le falta 1 litro de agua para estar llena. Teniendo en cuenta toda esta información, ¿cuántos litros de agua caben en la fuente?

El “truco” ya lo habrás descubierto seguramente. Si no es así, te animo a leer de nuevo el enunciado antes de seguir leyendo.

Sencillamente se trata de descubrir que la respuesta a la pregunta final se encuentra en la primera oración del enunciado. Las personas con buena comprensión lectora y que prestan atención a la hora de leer no tienen problema en descubrirlo enseguida. En cambio, las personas que tienen dificultades para comprender lo que leen o para prestar atención mientras leen, probablemente hagan una conversión a litros de todas las unidades para después sumarlas, o bien no sabrán dar una respuesta al problema si, además, tienen dificultades con la comprensión de la materia.

Obviamente, el enunciado anterior es un ejemplo y lo ideal es adaptarlo a cada alumno. Si sabemos que nuestro alumno domina la conversión de unidades en el sistema métrico, entonces quizá sea más adecuado plantearle otro enunciado. El educador es quien debe decidir cuál es el mejor para cada caso.

Si nuestro alumno ha sumado las unidades o no ha sabido responder, entonces significará que tiene problemas de comprensión lectora y/o de atención. Entonces, deberemos ir planteándole nuevos enunciados reduciendo progresivamente la cantidad de palabras que hay entre la primera oración y la pregunta final, hasta que él mismo se dé cuenta del “truco”. Una vez lo haya descubierto, le plantearemos de nuevo los mismos enunciados que antes, pero esta vez en sentido inverso, es decir, del más corto al más largo.

Cómo mejorar la atención de nuestros alumnos

Cuando ya sabemos que nuestro alumno tiene problemas de comprensión lectora y/o atención, llega el momento de plantearle ejercicios de entrenamiento. Estos ejercicios serán enunciados como el del ejemplo anterior, pero incluyendo en ellos cuestiones en las que nuestro alumno no tenga dominio.

Por ejemplo, si nuestro alumno no conoce todavía las equivalencias entre porcentajes y fracciones, pero sí sabe lo que es un porcentaje y lo que es una fracción, podremos proponerle estos dos enunciados:

A) Si sabemos que 1/2 es la mitad y que el 75% son 3/4, ¿cuánto serán 2/4? (expresado en %)

B) Si sabemos que el 50% es la mitad y que es lo mismo que 1/2 y que 2/4, ¿cuánto será el 75%? (expresado en fracción)

El “truco” en estos dos enunciados es que la respuesta del primero está en el segundo y viceversa. Por lo tanto, nuestro alumno podrá responderlos siempre y cuando preste atención y comprenda el texto, aunque no domine las equivalencias entre porcentajes y fracciones.

Otra posibilidad más avanzada es redactar 3-4 enunciados de los cuales solo 2 estén relacionados entre sí. Los restantes estarán para “esconder” las respuestas.

Por supuesto, este tipo de ejercicios ayudan a entrenar la habilidad de conexión, y facilitarán el estudio del alumno cuando deba enfrentarse a un examen de varias páginas o de varios temas. Nuestra memoria funciona de forma asociativa y recuerda mucho mejor la información si somos capaces de conectar el contenido de una página con el contenido de las demás, o el contenido de un tema con el contenido de los demás (e incluso el contenido de distintas asignaturas entre sí).

Para ello es importante, además, que tanto el alumno como el educador tengan desarrollado su pensamiento asociativo. Si no es así, recomiendo esta formación para entrenar esta habilidad tan importante en el estudio y en la enseñanza.