gamificacion

Querer ser quien más puntos marque de todo el equipo y, al mismo tiempo, querer que tu equipo sea el mejor de todos. La gamificación puede ayudar a una persona y a una empresa a conseguir estos dos objetivos que, a simple vista, parecen tan opuestos.

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¿Competir o cooperar?

En una sociedad competitiva como es la que hemos construido, ¿es más importante saber competir o saber cooperar?

Mi respuesta es sencilla: lo preferible es saber hacer ambas. Saber unirlas. ¿Es posible? Por supuesto que lo es. Y además, añado, es necesario.

¿Competir VS cooperar o competir & cooperar?

“Cuando compites, no cooperas”. Ésta es una creencia habitual que proviene de la falacia de creer que competir y cooperar son términos excluyentes. Pero no lo son. En absoluto. Es más, se necesitan el uno al otro.

Pensémoslo así: los miembros del equipo de una empresa deben cooperar entre sí para que la empresa vea entrar ingresos, pero al mismo tiempo deben competir contra los miembros de otras empresas que tienen los mismos objetivos que ellos.

Por tanto, una persona competente debe ser competitiva y, al mismo tiempo, saber cooperar.

Por qué debemos aprender a competir

Es muy bonito pensar que todo se puede solucionar cooperando, pero quien piensa así normalmente es devorado por los tiburones. Y esos tiburones saben perfectamente dónde pueden comer.

Un ejemplo: si dos personas quieren el mismo puesto de trabajo y sólo hay uno, está claro que una de las dos no se lo va a llevar. Se lo llevará quien gane la competición. Casos así, aunque llevados a otros terrenos, se ven día a día en gente que te hace creer que tenéis un objetivo común que podéis compartir cuando en realidad ellos pelean por conseguir su propio objetivo. Es importante aprender a detectar estas amenazas y competir contra ellas.

Los seres humanos competimos día a día: para conseguir un puesto de trabajo, para conseguir un cliente, para “ganar” una conversación, para que el chico o chica de quien estamos enamorados salga con nosotros y no con otra persona… La naturaleza nos ha hecho así y no podemos negar ese espíritu competitivo que, además, mueve la sociedad en la que nos encontramos, así como mueve la sociedad de cualquier otra especie animal.

Ojo, con esto no estoy justificando en absoluto las guerras en el mundo ni nada parecido. Me refiero al tipo de competición “sana”, aquélla en la que nadie sufre daños ni muere por ser perdedor. Fastidia y cabrea perder, claro, pero en la competición “sana”, perder no es algo que necesariamente haga daño.

Ahora bien, la moneda tiene otra cara…

Por qué debemos aprender a cooperar

Si quieres fundar una multinacional, tú solo no llegarás muy lejos; necesitas gente que trabaje contigo. Si quieres crear un grupo musical, necesitas a más personas, a no ser que sepas cómo tocar la trompeta, la guitarra y la batería al mismo tiempo, en cuyo caso te agradezco encarecidamente que contactes conmigo para conocerte. Si quieres ganar un partido de fútbol (compitiendo, claro), necesitas trabajar en equipo. Es decir, hay ocasiones en las que dos o más personas tienen el mismo objetivo y que ese objetivo no lo puede alcanzar una sola persona por sí sola.

Habrás oído muchas veces que los seres humanos somos animales sociales. ¿Por qué? Pues porque la naturaleza nos creó así también. Nos creó con un cerebro competitivo y cooperativo al mismo tiempo. Hace 150.000 años teníamos el mismo cerebro que ahora (biológicamente no ha cambiado en absoluto) y vivíamos en la llanura, donde un leopardo podía atacarnos en cualquier momento. Si estábamos en grupo y cooperábamos para competir contra una amenaza común, teníamos más probabilidades de sobrevivir que compitiendo solos. Por eso, nuestro cerebro evolucionó para que vivir en sociedad sea vital para nuestra especie.

El problema de la cooperación aparece cuando alguien se erige en líder y resulta ser una persona autoritaria. Nos encontramos entonces ante una jerarquía, una estructura vertical, que minará los efectos de la cooperación. De ahí la importancia de aprender a cooperar de verdad, con todo lo que ello conlleva. Nuestros enemigos no deben ser ni nuestros jefes ni nuestros subordinados, porque entonces las probabilidades de que perdamos la competición real se multiplicarán.

En conclusión

Por tanto, alguien de verdad eficiente, tanto en la vida personal como en la profesional, es aquella persona que sabe cuándo competir y cuándo cooperar y conoce a la perfección cómo hacer las dos cosas de la forma correcta.

De modo que ten cuidado si tratan de engañarte con utopías en donde la colaboración es la única alternativa y cuando alguien quiera utilizarte para alcanzar su objetivo (normalmente camuflado a través de otro similar al tuyo) a costa de tu dinero y/o de tu tiempo. Esa persona es aquel tiburón que sabe dónde está su comida. No dejes que te devore.

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