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Consejos para hablar en público

Se abre el telón y aparece un público que no aparta su mirada de ti. ¿Cómo se llama la película? Algunos responden "La habitación del pánico". Nosotros respondemos "Mejor... imposible"

Se abre el telón y aparece un público que no aparta su mirada de ti. ¿Cómo se llama la película? Algunos responden “La habitación del pánico”. Otros respondemos “Mejor… imposible”

Subes a un atril, con tu discurso perfectamente preparado. Cien personas te miran. Quizá no sean tantas, puede que sólo veinte… Sus ojos clavados en ti, esperando a que digas algo. Y cuando pronuncias la primera palabra, tu mente decide quedarse en blanco, tu cuerpo empieza a tener calor y a sudar y la voz y las manos te tiemblan. Menos mal que sólo te están mirando; llegan a apuntarte con una escopeta y te da un infarto.

¿Por qué tenemos tanto miedo a algo que, visto desde un punto de vista, es tan inofensivo?

Debemos recordar que nuestro cerebro es exactamente el mismo que el de nuestros antepasados de hace 150.000 años que vivían en la sabana africana. No le ha dado tiempo a evolucionar más. Pero a la sociedad que nos rodea sí. Nuestra sociedad ha experimentado cambios vertiginosos para un cerebro que, evolutivamente, no ha podido adaptarse aún a ella.

En la sabana africana de hace 150.000 años, la preocupación principal del cerebro humano era sobrevivir al ataque de posibles depredadores. Estar en grupo suponía una mayor garantía de supervivencia: si un leopardo me ataca y estoy solo, es muy probable que pierda la pelea; pero si estoy con un grupo de los de mi especie, entre todos podremos reducirlo y ganarle. Y como la naturaleza y la selección natural son muy sabias, nuestro cerebro ha evolucionado para que estar en grupo sea no sólo algo placentero, sino una necesidad biológica. Si no somos aceptados en un grupo, nuestro cerebro nos envía señales de dolor porque está “diseñado” para garantizar nuestra supervivencia mediante el dicho “la unión hace la fuerza”.

¿Qué ocurre? Que nuestro cerebro también tiene un miedo terrible a la incertidumbre. Si conoce a qué se enfrenta, puede sacar sus mecanismos de afrontamiento y luchar, pero si se enfrenta a algo desconocido no sabe cómo debe actuar. Su respuesta entonces es provocar el miedo para desencadenar la huida y alejarse lo máximo posible de la amenaza.

¿Qué relación guarda todo esto con el miedo a hablar en público? Piénsalo. Cuando estás en el escenario, tu cerebro se enfrenta a una gran incertidumbre: ¿les gustaré a estas personas?, ¿y si me empiezan a lanzar tomates o a abuchear? Es decir, se enfrenta a la incertidumbre, nada más y nada menos ¡de no ser aceptado por un grupo! Y aunque nuestra mente consciente sabe que nadie nos va a desterrar del país porque se nos quede la mente en blanco, nuestros cerebros instintivo y emocional son más fuertes que el racional y nos provocan ese estrés y ese miedo que bloquean el acceso a nuestros bancos de memoria, que provocan que nos quedemos en blanco y que sintamos la imperiosa necesidad de huir del escenario.

Las buenas noticias: que sabiendo cómo funciona tu cerebro, serás capaz de hacer que funcione para ti.

Uno de los efectos más comunes derivados del estrés y del miedo a hablar en público es la pérdida de la naturalidad. ¿Por qué eres capaz de hablar con total naturalidad en un grupo de amigos y cuando te encuentras frente a cien personas desconocidas te sale un tono tan forzado y tan poco natural? Esto ocurre porque tu cerebro está tan centrado en recordar el guión, en respetar los tips de control del escenario que te han enseñado y en generar simpatía que olvida todo lo que sale de forma natural.

Por eso soy de quienes opinan que la oratoria debe afrontarse y aprenderse desde la comprensión de cómo funciona tu cerebro, para que la naturalidad sea el pilar que soporte todo lo demás. Si no la pierdes, todo lo demás sale solo.

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