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Se habla mucho de los diferentes tipos de motivación y de que la conocida como motivación intrínseca es la única que puede conducir a resultados satisfactorios. ¿Cuánto hay de cierto en esto? Veámoslo.

Tipos de motivación

Para poder comprender cuál de los tipos de motivación es el más adecuado, tanto con fines educativos como laborales, debemos explicar primero cuáles son.

En la siguiente imagen puedes encontrarlos:

tipos-de-motivacion

Expliquemos cada uno de ellos:

  1. Motivación exterior positiva. Es la que procede de estímulos externos y que produce sensaciones placenteras. Por ejemplo, un caramelo que se le regala a un niño que ha hecho algo bien o un aumento de salario que se concede a una persona con resultados excelentes en su trabajo.
  2. Motivación exterior negativa. Es la que procede de estímulos externos y que produce sensaciones dolorosas. Por ejemplo, castigar a un niño sin salir de su cuarto por haber suspendido un examen o echar una reprimenda a un empleado que ha cometido varias veces el mismo error.
  3. Motivación interior positiva. Es la que procede del interior de la persona y que produce sensaciones placenteras. Por ejemplo, un niño o un adulto que desean obtener el mejor resultado posible en sus exámenes o en su trabajo, respectivamente, porque eso le produce orgullo y emociones de bienestar consigo mismo.
  4. Motivación interior negativa. Es la que procede del interior de la persona y que produce sensaciones dolorosas. Por ejemplo, un niño o un adulto que dejan de hacer algo porque tienen miedo de cómo se sentirán por hacerlo.

Las dos primeras se conocen como motivaciones extrínsecas y las otras dos, como motivaciones intrínsecas.

Motivación intrínseca y motivación extrínseca: ¿cuál elegir y por qué?

Ahora que ya conocemos los 4 tipos de motivación, llega el momento de responder a la pregunta clave: ¿son más recomendables las motivaciones extrínsecas o las motivaciones intrínsecas? Es decir, para un padre, un profesor o un jefe, ¿cuál deben intentar conseguir despertar en sus hijos, en sus alumnos o en sus empleados, respectivamente?

Si le preguntas a cualquier persona que entienda un poco acerca de motivación y de inteligencia emocional, te responderá sin dudar que lo mejor es tratar de llegar a una motivación intrínseca positiva. Y es cierto, esto es lo ideal. Y lo es por distintos motivos:

  • La motivación intrínseca positiva, al nacer de la propia persona, es la que garantiza que esa persona va a luchar todo lo que esté en su mano por alcanzar los mejores resultados.
  • Al no depender de estímulos externos, la motivación intrínseca positiva no corre el riesgo de apagarse cuando dichos estímulos desaparezcan, tal y como ocurre con las motivaciones extrínsecas.
  • Además, la motivación intrínseca positiva es la que proporciona el mayor placer de todas.

Sin embargo, hay muchos casos en los que, por más que lo intentamos, no conseguimos despertar una motivación intrínseca positiva en otras personas. Es lo que les ocurre a tantos padres que no consiguen que sus hijos mantengan su habitación ordenada, a tantos profesores que no consiguen que sus alumnos estudien por propia iniciativa y a tantos directivos que no consiguen que sus empleados disfruten de su trabajo.

¿Qué hacer cuando la motivación intrínseca positiva no despierta?

En los casos que hemos mencionado, donde la motivación intrínseca no sale a la luz por mucho que se intenta, la solución se encuentra en recurrir a una motivación extrínseca.

Y esto es lo que no te van a decir muchos defensores de la motivación intrínseca. Ellos van a insistir e insistir en que la mejor (y única) forma de conseguir resultados positivos que se mantengan a largo plazo es a través de la motivación intrínseca positiva. Pero ya hemos visto que hay casos en los que esto no ocurre. Tras haberlo intentado durante un tiempo prudencial, si la situación se mantiene, seguir por el mismo camino es, directamente, una pérdida de tiempo. Ya lo decía Einstein: “si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Es entonces cuando las motivaciones extrínsecas entran en juego. Muchos de los defensores de la motivación intrínseca positiva reniegan de ellas porque creen que generan una dependencia perjudicial, como si fuesen algún tipo de droga. Nada más lejos de la realidad.

Las motivaciones extrínsecas, lejos de crear dependencia alguna, contribuyen a despertar la motivación intrínseca positiva como si fuesen la chispa que necesita un cohete para despegar. Y lo afirmo después de haber probado sus resultados con una buena cantidad de niños y de adultos. De hecho, ciertos sistemas de motivación extrínseca ampliamente difundidos en el entorno académico y laboral, como por ejemplo la gamificación, son aceptados y muy bien valorados, además de proporcionar excelentes resultados.

Veamos un ejemplo para entender mejor la contribución de la motivación extrínseca para despertar una motivación intrínseca:

  1. Tenemos un hijo que, por mucho que le planteamos el estudio de forma divertida, amena y beneficiosa para él, no le coge el gusto y sigue sin prestar atención y sin obtener buenos resultados en sus calificaciones. Muchas veces, esto ocurre a causa de una frustración derivada de no comprender los contenidos del estudio.
  2. Tras intentarlo así durante mucho tiempo, decidimos cambiar el chip y recurrir a una motivación extrínseca: una recompensa. Cada vez que el niño haga bien 10 ejercicios, sin un solo fallo, le daremos algo que él quiere; por ejemplo, un juguete (barato, para no dejarnos el sueldo en ello).
  3. El niño empieza a prestar atención y a hacer un esfuerzo consciente por aprender y por hacer bien las cosas, ya que si lo hace obtendrá lo que realmente quiere.
  4. A través de este esfuerzo, consigue aprender poco a poco las nociones básicas y empieza a defenderse mejor en la resolución de los ejercicios y de los exámenes. Ya no se frustra, porque ha aprendido lo básico y le salen cada vez mejor las cosas. Además, la sensación de orgullo de hacer bien las cosas (que todo ser humano la tiene en su cerebro emocional) va despertando emociones placenteras en él.
  5. Poco a poco, gracias a esta superación de la frustración y a la sensación de orgullo de hacer bien las cosas, el niño empieza a estudiar por su cuenta para repetir dichas emociones.

En otras palabras: la motivación extrínseca ha contribuido a despertar una motivación intrínseca. Esto puede aplicarse tanto con niños como con adultos en cualquier situación.

Por supuesto, no estoy diciendo que esto vaya a funcionar en el 100% de los casos. Depende por completo de cada persona. Pero de lo que no hay duda es de que es mucho mejor probarlo y ver qué resultado proporciona en lugar de renegar directamente de la motivación extrínseca por creer en los falsos perjuicios que esta proporciona.

Una pregunta frecuente: para estos casos, ¿es mejor una motivación extrínseca positiva (recompensa) o negativa (castigo)? No hay una respuesta fija. De nuevo depende por completo de cada persona. Lo mejor es probar primero con una recompensa y, si esta no surte efecto, con un castigo. Y después, evaluar los resultados de ambas para continuar con la que mejor haya salido.

Cuando la motivación intrínseca y la motivación extrínseca se confunden

Antes de terminar este artículo, es importante aclarar que hay ciertos estímulos positivos que se suelen confundir. Por ejemplo, una calificación de sobresaliente en un examen:

  • Puede ser una motivación extrínseca positiva por actuar como recompensa de un trabajo bien realizado que contribuirá a conseguir otro sobresaliente futuro.
  • Puede ser una motivación intrínseca positiva por actuar como alimento de emociones como el ego y el orgullo, que también contribuirá a conseguir otro sobresaliente futuro.

Pero ¿puede ser las dos cosas al mismo tiempo? Por supuesto que no. Que sea una o la otra dependerá de la percepción de la propia persona:

  • Si la persona percibe la calificación como una recompensa de su esfuerzo y de sus resultados, actuará en el futuro como motivación extrínseca.
  • Si la persona percibe la calificación como un reflejo de su trabajo bien hecho, un trabajo de calidad, actuará en el futuro como motivación intrínseca.

De modo que, antes de descartar las motivaciones extrínsecas, es recomendable no cerrarse en banda y probar qué resultados nos proporcionan. Quizá así encontremos el camino para motivar a nuestros hijos, alumnos y/o empleados.